Cansado de tanto estar ahí, en su cabeza noche y día, el pensamiento se escapó por su oreja.
Una vez en el exterior no sabía qué hacer, porque...¿qué hace un pensamiento por ahí volando sin una cabeza en la que estar?
Así que, como su dueña ya se había marchado se metió por la nariz de un chico (bastante resfriado, por cierto...) que pasaba por allí. Le pareció un buen lugar para quedarse, no había mucho sitio (tenía tan mala suerte que había escogido un chico que pensaba bastante) pero bueno, por lo menos tendría compañía...
Se acomodó en su nueva casa.

* * *

- Tia, no sé por qué pero llevo un rato obsesionado contigo, deberías aceptar ese trabajo ¿eh? Y por cierto para hoy por la noche el vestido rojo.
-Ups.